
El mundo respira más tranquilo una vez que ya se prepara para abandonar el poder "el tonto de la galleta", es decir, Bush, que ahora podrá acompañar a sus secuaces Blair y Aznar en esas conferencias de coste millonario que gustan ofrecer por universidades elitistas. Pero lo que son las cosas. Hasta en la estupidez hay categorías, y da la impresión de que Aznar tiene ganas de superarse a sí mismo, y romper todos los récords de la imbecilidad. El "Charlot" de la política nos dice ahora, en un artículo publicado por el diario francés "Le Figaro", que su adorado jefe, es decir, "el tonto de la galleta", ha sido, y cito textualmente, "un gran luchador en favor de la libertad y las causas nobles y justas". Empiezo a considerar seriamente que Aznar quizá esté enamorado de Bush... Sólo así se podrían explicar estas afirmaciones, tan disparatadas como reveladoras al mismo tiempo. La soberbia del señor "Ansar", al igual que su estupidez, no conoce límites ni fronteras, y es evidente que nunca reconocerá el error histórico que supuso para España, apoyar una guerra absurda e inútil, en la que Bush, con la excusa de la lucha antiterrorista, sólo buscaba el petróleo y el relanzamiento de la industria armamentística. Pero que nadie se lleve a engaño. Aznar en el fondo sabe que ése error le marcará para el resto de su vida, y para los anales de la historia. Lo sabe, y por eso se ha convertido en un personajillo amargado y revanchista, al que pocos ya toman en serio. En ocasiones la justicia existe, y algunos tienen el final que se merecen...

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