lunes, 24 de noviembre de 2008


Decisiones absurdas, dentro de un mundo absurdo. Es la frase que me viene a la cabeza cuando me entero de que un tribunal de Valladolid, ha obligado a un colegio público a retirar de sus clases los crucifijos que colgaban de sus paredes. Su "eminencia" el juez argumenta en la sentencia que deben respetarse las creencias de los alumnos, y que por tanto, el centro escolar no debe decantarse por ninguna religión en concreto. Es curioso, a veces resulta que los que deben velar por la tolerancia y el respeto, son los que después prohíben, suprimen, y obligan. Una decisión judicial que en mi opinión, no sólo no fomenta la convivencia, sino que da pié al enfrentamiento, al dar por sentado que los que no profesan la religión católica, no son capaces de respetar una simple tradición, como es la de tener un crucifijo colgado en una pared. Particularmente me siento ofendido por esta sentencia, y no precisamente por ser un fiel devoto... Me gustaría creer en Dios, pero mi racionalidad no me lo permite, y ni siquiera estoy bautizado. Aún así, durante mi adolescencia pasé por dos colegios religiosos, y tengo que decir que nunca me salió urticaria por tener cerca la imagen de Jesucristo, un personaje al que por otra parte, todos deberíamos de admirar... Lamentablemente, vivimos una época de superficialidad, de grandilocuencias vacías de contenido, de culto a las apariencias, de falso progresismo, y sobre todo, de tremenda estupidez. Como dijo Groucho Marx, que paren el mundo que me bajo...

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